Desde noviembre del año pasado que estaba esperando este momento, y todavía no puedo creer que hayan tocado acá y yo haya estado ahí. Es algo que nunca me voy a olvidar en mi vida y no me alcanzan las palabras para describir lo que sentí en el momento en que pisé el pasto y estaban tocando Epiphany.
Pero como si no estuviera acostumbrado a vivir en un lugar donde reina el "me cago en todo menos en mí", no puedo dejar de sentirme indignado y estafado:
Adelantaron la apertura 20 minutos sin avisar, por lo que de una hora presencié 50 minutos (que era lo que iban a tucar en un principio).
Y tuve suerte. Hay gente que se vino desde otras provincias y no pudo verlos porque abrieron un sólo acceso para las más o menos 10.000 personas que "asistieron" al recital, y para colmo la puerta la abrieron a las 4 de la tarde, cuando nunca las abren después de las 3 por lo general.
Si a eso le sumamos que el horario publicado era a las 5:30 de la tarde, (po lo que mucha gente también no pudo ir porque trabajaba, o tuvo que salir corriendo del laburo -por ejemplo mi hermana- para llegar lo menos tarde posible), y además de todo lo que se habían cagado en la gente haciendo eso, se cagaron más todavía al adelantar el inicio del show.
Con un solo acceso abierto, la fila llegaba hasta Obras, en cuanto uno gritó "che! ya están tocando loco!" la gente empezó a correr como si no hubiera mañana, pensando que nos estabamos perdiendo el comienzo (grata sorpresa nos llevamos los que nos enteramos hoy que empezó a las 5:10).
Además de eso, los accesos a las plateas estaban cerrados aún cuando la banda ya estaba tocando hacía como 20 minutos, por lo que la gente que se gastó $120 (o más si no la compraron al poco tiempo de que estuvieron a la venta) se perdió más tiempo que los que corrimos como 3 cuadras (o muchas más, y algunos siendo golpeados por bastones de los policías).
Y como frutilla del postre, los controles policiales a estas alturas eran prácticamente nulos, o sea que cualquiera podría haber pasado una navaja o un rifle de presición, que la cana no se iba a dar cuenta.
Claro está que de ningún modo la indignación tapa lo que sentí al ver a la banda ni le resta belleza al recuerdo que me llevo de ese momento, pero tampoco la gloria me quita mi indignación, y la sensación de saber que se cagaron en mí y en la mitad del público.
NUNCA MÁS A UN QUILMES ROCK